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Short Stories Winner Spanish Language ‘Entrar Por Los Ojos’ By Brian Gordon

Conchetta se dirigía a casa con el consejo todavía muy vivo en su cabeza, "Todo entra por los ojos, y el dulce será exitoso", le dijo su maestra confitera, refiriéndose al adorno esmerado del dulce esa mañana. Todavía no había terminado su aprendizaje y era su sueño de tener su propia confitería algún día. Entre callejuelas sombrías y patios de ropas tendidas de la típica antigua Génova, Conchetta se apresuraba para cenar con su familia. Su padre Alessio -zapatero y delicado de salud, su madre Maria - costurera, y su hermanita Adelina.

Poco sabía ella de la noticia que su padre anunciaría esa noche. Noticia que entristeció a su madre, excitó a Adelina e Alessio, nostálgico, quedó en silencio. "¡Emigrar a América!”, exclamó ella sorprendida, María sollozó aún más fuerte mientras Adelina saltaba de contenta. Alessio explicó que sería lo mejor; la oportunidad de vivir una vida digna lejos de la pobreza actual en Génova. Venderían todo y con algunos ahorros tendrían para los pasajes de barco; viaje que tardaría cerca de un mes en llegar a Nueva York.
Conchetta se retiró a su habitación después de cenar y acostada pensaba: ¿tendría que dejar su aprendizaje? ¿Dejar Génova? ¿Que sería de 'Canelo’?... Canelo, su gato pelirrojo de ojos muy azules que había criado ella, que iba y venía como quería , pero le tenía un gran afecto. Pensando en todo aquello quedó dormida profundamente - cuando Canelo entrando por la ventana abierta, se tumbó suavemente a sus pies.

El día llegó, y con gran tristeza se despidieron de sus vecinos desde una carreta tirada por un flacucho caballo. Todo era un inmenso bullicio de gente llegando al viejo puerto. Emigrantes igual a ellos embarcaban en fila por una pasarela, a un gigantesco buque de grandes chimeneas humeantes. Muy lentamente se dirigieron hacia el barco, donde la multitud en el muelle agitaban pañuelos blancos de despedida. Entre tanto gentío y gritos, Conchetta y su familia subían al embarque acarreando sus maletas con lágrimas de partida en sus ojos; su viaje a América se hacía realidad. Marineros y oficiales de elegante uniforme dirigían los pasajeros hacia la cubierta donde no cabía un alfiler. Haciéndose camino a empujones llegaron a la borda, para decir el último adiós a su tierra que jamás volverían a ver. Génova, entre veleros y barcas de pesca quedaba atrás en la distancia, mientras navegaban mar adentro, mar Mediterráneo, rumbo América.

Nunca habían visto un azul tan intenso como aquel infinito mar abierto. El sol brillaba fuertemente y la travesía fue buena, hasta que Alessio empezó a enfermar gravemente desde los primeros días. María lloraba y rezaba desesperadamente cuando el médico de abordo confirmó la severidad de su condición. No podrían desembarcar en Nueva York dado a su mal estado - serían rechazados y vuelta a Italia en el mismo barco. Conchetta se armó de valor, fue en busca del Capitán y le explicó su situación. Ella le imploró dar la vuelta y regresar a Génova. El Capitán se negaba y ella se lo rogaba cuando se acordó del consejo de su maestra confitera; "Todo entra por los ojos". Con su mirada penetrante de ojos verdes - se quitó el pañuelo de su cabeza, dulcemente suplicándole otra vez. El Capitán quedó aturdido por la belleza de su liso cabello rubio cayéndole por los hombros. Fue entonces y sin más que le propuso bajarse en el siguiente puerto - Gibraltar. Una vez allí en la bahía fondeados habrían suministros y correo por recoger, tendrían la oportunidad de desembarcar cuando llegaran próximamente. Conchetta se lo agradeció cubriéndose la cabeza con su pañuelo blanco otra vez; el consejo había funcionado, pensó, marchándose en busca de sus padres.

Ella se quedó mirando esa gran roca mientras el barco rodeaba el faro adentrándose en la soleada bahía. Los pasajeros, agrupados en la cubierta, miraban todos hacia el peñón, quedándose sorprendidos por la casual similitud al puerto de Génova. Era la mejor decisión; permanecer en Gibraltar hasta que Alessio se recuperara. Con mucha dificultad y la ayuda de los marineros, pudieron trasladar Alessio y ellas tres en una barca de remos. Un Sargento Policía de grandes bigotes les atendía muy serio en su oficina, una vez en el muelle. Negaba con firmeza el desembarco de la familia, intimidaba con su uniforme negro lleno de botones brillantes. Conchetta se lo rogaba repetidamente cuando otra vez, acordándose del consejo, suavemente se despojó del pañuelo que cubría su cabello, mirándolo fijamente a la vez. Sería magia o pura compasión pero el sargento terminó por acceder y que fueran hospedados en un convento hospital. Un joven policía pelirrojo de ojos muy azules - como su gato Canelo - los llevó hacia un coche de caballos. Ella se fijó en el número setenta y tres brillando en el cuello de su uniforme mientras les ayudaba con las maletas, recordándole a Canelo cada vez más.

Nada más llegar, Alessio ingresó en el pequeño hospital del convento. Maria hacía remiendos con su habilidad de costurera y Adelina recibía enseñanza de una joven monja. Conchetta ayudaba en cocina, ganándose el cariño de las religiosas con sus merengues, cremas y almíbares, aportando su labor con los paladares de sus ricos dulces.

Aquel día muy recién fallecer Alessio, Conchetta, iba por la calle apenada y muy cargada de leña para los fogones de cocina del convento. Pensaba en su padre cuando de repente - al doblar la esquina, se dio de bruces contra una oscura figura, haciéndole caer la leña que llevaba en sus brazos. Agachándose a recogerlo todo del suelo, notó una mirada fija e intensa mientras unas manos tiernas y firmes la ayudaban a levantarse. Ella con un vuelco en su interior vio un profundo azul color de ojos que en los suyos se reflejaban. El número setenta y tres en un cuello relucía, y fue cuando poco a poco - sin quererlo ella, el pañuelo blanco de su cabeza hacia atrás se deslizó.

Adjudicators Comments:

‘A delicate historical narrative. It left us wanting more, and would do well to be expanded into a novel. It was particularly heartening to see some of our history as an important port of call for the immigration towards America from the Mediterranean displayed in a work of fiction. The writer is skilled in weaving such a dense character-driven story into this piece without losing any sense of pace or emotion.’

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